XIII Foro Invertido de InterConectados: «Aprendizaje y enseñanza en tiempos de nuevas tecnologías: cómo impacta a profesores, familia y estudiantes». Sesión 2. Ciencia Ciudadana e Inteligencia Artificial. Zuly Del Fiaco: Padres, docentes y estudiantes: ¿trilogía relacional, participativa y conectada?
En la educación contemporánea, padres, docentes y estudiantes conforman una trilogía esencial para el aprendizaje, caracterizada por tres dimensiones: relacional, participativa y conectada. La dimensión relacional se ve afectada cuando alguno de los actores no logra establecer vínculos significativos, lo que fragmenta la interacción y limita la construcción de sentido. En estos casos, el docente puede reducir su rol a la mera transmisión de contenidos, desconectado de las realidades culturales de sus estudiantes y sus familias. Los estudiantes se convierten en receptores pasivos, influenciados por una cultura de la imagen y la inmediatez. Las familias, lejos de ser indiferentes, muchas veces enfrentan barreras culturales, falta de puentes comunicativos o baja autoeficacia, como explican Bourdieu, 1986; Bandura, 1986 y Epstein et al. (2002). Vygotsky (1978) puntualiza que el aprendizaje ocurre en la Zona de Desarrollo Próximo y su activación requiere una mediación cultural efectiva, mientras que Martín Barbero (1987) asegura que es necesario comprender los lenguajes y sentidos que cada actor aporta. Charlot (2008) complementa esta visión al afirmar que cada miembro de la trilogía tiene una relación distinta con el saber —epistemológica, identitaria y social— y, si estas no se articulan, el aprendizaje pierde fuerza. La dimensión participativa exige corresponsabilidad entre los actores porque cuando uno de ellos se convierte en espectador, el equilibrio se rompe y el proceso educativo se debilita. El modelo bancario de educación, descrito por Freire (1970), ejemplifica esta ruptura: el docente transmite mecánicamente, el estudiante recibe sin cuestionar y la familia queda al margen. Sin embargo, el involucramiento familiar no depende solo de la voluntad individual, pues Bourdieu destaca que el habitus y el capital cultural condicionan la relación con la escuela; entretanto, Bronfenbrenner (1994) y Epstein subrayan la importancia del vínculo entre hogar y escuela para el desarrollo del niño. Bandura aporta que la autoeficacia parental es clave para el compromiso, y Vygotsky reafirma que los padres pueden ser mediadores activos si existe una relación significativa con el saber. La tercera dimensión, la conectividad, no se limita a redes o dispositivos digitales. Es, ante todo, una forma de acercarse, de construir vínculos en una sociedad permeada por tecnologías, y Jenkins (2006) plantea que lo esencial es cómo las personas se conectan a través de ella. En el ámbito educativo, un mensaje, un audio o un video pueden convertirse en gestos de presencia y afecto. La tecnología, usada con sensibilidad, puede ser el puente que une mundos antes separados: la escuela y el hogar, el saber y la emoción; no obstante, esta conectividad enfrenta desafíos como la brecha digital, la sobreinformación y la desconexión emocional. Por ello, el uso de la tecnología en educación debe partir del reconocimiento de los contextos y las posibilidades reales de cada actor. Educar, al final, es conectar personas, historias, sueños, y si la tecnología puede ayudarnos a hacerlo con el corazón, vale la pena aprender a usarla bien.
Palabras clave: trilogía, relacional, participativa, conectada
Referencias
Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action: A social cognitive theory. Prentice-Hall.
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