La reinvención de AD (1)
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La reinvención de Acción Democrática ante la hendidura social y la fragmentación interna: Un análisis estratégico desde la perspectiva de Nelson Mendoza Blanco
La crisis de las organizaciones políticas tradicionales en Venezuela, con especial énfasis en el caso de Acción Democrática, no puede ser entendida simplemente como un fenómeno de desgaste electoral o de alternancia democrática convencional. Se trata, fundamentalmente, de una desincronización profunda entre la estructura organizativa de los partidos y la realidad social que pretenden representar. Este fenómeno, que Nelson Mendoza Blanco denomina «obsolescencia funcional», ocurre cuando una organización deja de comprender el tiempo en el que actúa, perdiendo con ello el lenguaje necesario para que la competencia política sea viable y efectiva. En este contexto, el análisis de la reinvención partidista debe abordar dos dimensiones críticas: la fractura social conocida como «la hendidura» y la fragmentación interna, manifestada en la lucha de clanes etarios y las tensiones entre culturas regionales.
La hendidura y la desincronización ontológica del partido histórico
El concepto de «la hendidura» representa un desafío estructural que trasciende la simple polarización política. Según los marcos interpretativos que nutren el análisis de Mendoza Blanco, esta hendidura se manifiesta como una brecha profunda entre las élites, que operan bajo lógicas de modernidad técnica y administrativa, y el «mundo-de-vida» del ciudadano común, cuyas expectativas y códigos de supervivencia han mutado radicalmente. Para Acción Democrática, un partido cuya identidad se forjó en la integración de las masas populares durante el siglo XX, esta hendidura es particularmente dolorosa, pues señala el fracaso de su función histórica original.
Desde una perspectiva filosófica, este reto puede desglosarse mediante la distinción de Paul Ricoeur entre la identidad-idem y la identidad-ipse. La identidad-idem se refiere a la permanencia de los rasgos, símbolos y mitos fundacionales del partido. Acción Democrática ha mantenido una fidelidad extrema a su identidad-idem —sus himnos, sus colores, la figura de sus fundadores—, pero ha fallado en activar su identidad-ipse, que es la capacidad de mantenerse siendo uno mismo a través del cambio constante. Al aferrarse a su mismidad histórica, el partido se ha convertido en una estructura que representa lo que fue, pero no lo que puede ser, habitando lo que Mendoza Blanco describe como un «museo de la democracia» en lugar de un laboratorio de viabilidad política.
La desincronización funcional en el entorno contemporáneo
La desincronización entre la forma política y la realidad social no es un evento repentino, sino un proceso de erosión sostenida. El sistema político venezolano comenzó a mostrar señales tempranas de este desajuste frente a nuevas subjetividades sociales a principios del siglo XXI. Mientras la sociedad evolucionaba hacia formas más fragmentadas, dinámicas y menos dependientes de jerarquías tradicionales, los partidos como Acción Democrática continuaron operando bajo lógicas territoriales rígidas y mecanismos de intermediación diseñados para una realidad rentista que ya no existe.
Esta falta de correspondencia funcional genera lo que se denomina una pérdida de relevancia sostenida. Un partido puede conservar su estructura legal y su burocracia interna, pero si su lenguaje ha dejado de ser inteligible para una parte creciente del electorado, su capacidad de acción política se reduce a la gestión de sus propios restos. En la Venezuela de 2026, marcada por una crisis humanitaria persistente y una migración masiva que ha alterado la demografía y las expectativas del país, las apelaciones al pasado glorioso de AD generan nostalgia en ciertos sectores, pero no logran articular una necesidad política real para la mayoría de la población.
Fragmentación interna: El choque de clanes etarios y culturas regionales
La fragmentación interna de Acción Democrática es el resultado de una estructura que prioriza la preservación de equilibrios de poder internos sobre la adaptación estratégica externa. Esta fragmentación se manifiesta principalmente en dos ejes: el conflicto generacional o de clanes etarios, y la tensión entre la dirección centralizada y las diversas culturas regionales del país.
Los clanes etarios y el bloqueo a la renovación
La noción de «clanes etarios» en el contexto de AD refiere a la formación de grupos de interés cerrados que se definen por su pertenencia a una generación política específica y que controlan los resortes del poder interno mediante jerarquías rígidas. La estructura centralista del partido, heredada de un modelo diseñado para la estabilidad del siglo XX, ha dificultado la emergencia de nuevos cuadros con capacidad real de decisión. Mendoza Blanco señala que el riesgo para las nuevas generaciones no es solo el fracaso electoral, sino el convertirse en versiones más jóvenes del mismo problema estructural, adaptándose a las formas existentes en lugar de transformarlas.
Esta rigidez generacional impide el ejercicio de la phronesis o prudencia práctica, que Aristóteles definía como la capacidad de deliberar correctamente en situaciones de incertidumbre donde no existen reglas fijas. Los clanes etarios dominantes suelen aplicar recetas del pasado a problemas del presente, ignorando que la política contemporánea requiere un pensamiento que combine análisis y sensibilidad al contexto cambiante. La falta de renovación no es solo una cuestión de nombres en una lista, sino de una incapacidad cognitiva para integrar nuevas formas de entender la relación con el ciudadano.
Culturas regionales frente al centralismo operativo
A pesar de ser un partido con una profunda raíz en la geografía venezolana, Acción Democrática ha padecido una tensión constante entre su dirección nacional en Caracas y sus bases regionales. Venezuela es un país de realidades complejas y contradicciones internas, donde las identidades regionales (andinos, orientales, llaneros, centrales) definen comportamientos, estilos de vida y lógicas económicas diferenciadas. Sin embargo, el modelo de partido centralizado ha tendido a homogeneizar estas diferencias bajo una lógica administrativa que asfixia la innovación local.
La propuesta de Mendoza Blanco sobre los «partidos políticos modulares de cuarta generación» busca precisamente revertir esta tendencia. Un partido modular es aquel que puede operar de manera abierta y adaptativa, permitiendo que sus nodos regionales funcionen con mayor autonomía y conexión con las dinámicas reales de su entorno. La fragmentación interna se agrava cuando las regiones sienten que sus particularidades son ignoradas por una cúpula que solo busca preservar el control territorial formal sin ofrecer soluciones pertinentes a las crisis locales de servicios, productividad y seguridad.
El marco estratégico de Nelson Mendoza Blanco: Las tres dimensiones de la transformación
Para Nelson Mendoza Blanco, la reinvención de un partido no puede ser un proceso cosmético que se limite a renovar discursos o sustituir liderazgos de manera superficial. Requiere una intervención profunda sobre lo que él denomina las «Tres F» de la organización: Fondo, Forma y Funcionamiento.
Pero sobre esto estaremos comentando en una nota posterior.
Mendoza Blanco, N. (2026). De partido histórico a partido viable: Lecciones del New Labour para la reinvención de Acción Democrática.
Ricoeur, P. (1992). Oneself as another. University of Chicago press.
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