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Sobre «La Encuesta y las Sociedades Humanas» de Jean Pasquali

por: Enzo Pittari

El escrito del Prof. Pasquali en esta bitácora se lee bien, con soltura, y me luce interesante y valioso para estimular la discusión de este espinoso tema de la Confianza en la política. Quizá lo que ahora escriba pueda luego enriquecerlo, una vez leído el libro del Profesor Pasquali; mientras tanto, quisiera consignar algunas cosas que brotan de primera mano:

En mi experiencia dirigiendo, gestionando o asesorando empresas de servicios públicos masivos y esenciales, siempre noté que, independientemente de la clase social o del estrato económico al que pertenecía el cliente, éste siempre quería tener MÁS. Pongamos por caso que una empresa servidora o prestadora de servicios puede y ofrece hoy una cierta calidad –o cantidad– que es superior a la que solía brindar anteriormente. Los clientes sensibles y medianamente agradecidos perciben de inmediato el cambio, y lo aprueban, por supuesto; pero ocurre que al cabo de un breve tiempo, estos mismos clientes se acostumbran y ya le parece ‘normal’ que así sean las cosas, le parece que es ‘natural’ y obligado obtener eso que le das por lo que pagan, y es allí que, entonces, les comienza a parecer ‘poco’ y a aspirar a más, más y mucho más.

Esto para nada es malo; es sólo la realidad de un proceso que, bien llevado, termina siendo siempre virtuosoO sea, si tu público siempre aspira más, al tú conseguir satisfacerlo a un costo razonable todo irá siempre a más. Por cierto, que muchos estudios indican que las conductas del venezolano son altamente aspiracionales: En general, el venezolano valora mucho lo bueno, las grandes marcas, el buen trato. Y tiene respuestas acordes cuando logra satisfacer esas aspiraciones.

Como ejemplo en nuestro haber tenemos la experiencia magnífica del ‘primer’ Metro de Caracas, el que inauguró el presidente Herrera Campíns, el que puso de relieve dos sociedades en una: la de las aceras y los carros por puesto o camioneticas y la de los vagones y andenes de nuestro hermoso subterráneo. Este emblemático ejemplo es acorde y se compagina con otros éxitos experimentados, por ejemplo, con Sistema Nacional de Orquestas y Corales Filarmónicas (hoy tan vilipendiado); con el Museo de los Niños, el Museo de Arte Contemporáneo y en tantas otras de empresas de servicio como las varias telefónicas celulares y la misma Cantv de los años previos a su nacionalización, –pioneras mundiales o como mínimo regionales–; y con la Electricidad de Caracas y Edelca y Cadafe, que iluminaron y refrigeraron hasta el último rincón de una Venezuela que, como lamentamos ahora, había estado por décadas muchas veces oscura y calenturienta.

Mordiéndose la cola

No obstante, un grave problema sí se presenta con este asunto de lo aspiracional que se exacerba, es un fenómeno que los antiguos griegos identificaban con el OUROBORO, –un animal que acaba mordiéndose o comiéndose su propia cola…

Y es eso lo que a mi modesto entender nos ocurrió exactamente a los venezolanos cuando, no conformes con las mieles de la democracia que habíamos conseguido (poca o mucha, dulce o menos dulce, amarga o menos amarga), nos empeñamos en obtener más y más y, con la ilusión de unos supuestos ‘poderes’ oportuna y astutamente ofrecidos y mercadeados por un teniente de medianos galones, le cedimos espacio a una cohorte impresentable de personajes en su mayoría incompetentes que, luego de defenestrado el último o, mejor dicho, penúltimo presidente legítimo que el país tuviera en su historia democrática reciente, en la cúspide de su capacidad de gobernar y recoger las aguas derramadas de un país que aún viniéndose a menos era ciertamente recuperable, nos hicieron acabar a todos, al país entero, sentados sobre las bayonetas infectas y oxidadas de los hermanos Castro.

Entonces, el verdadero asunto es que, en ese afán por buscar algo siempre mejor de lo que en un momento dado tenemos, debemos sortear el riesgo de echar irresponsablemente por la borda lo que a una determinada fecha hemos construido.

Ese es el problema. Un problema que también los viejos griegos designaron con la idea de la Hybris, de la falta de mesura o, si queremos, la desmesura.

Las críticas a la democracia  

La democracia única y perfectible que nos habíamos dado los venezolanos hasta fines del siglo XX no nos pareció tan buena. Y entonces, todos, cometimos el DELITO de la DESMESURA al criticarla tan severamente y tan irresponsablemente, no haciendo lo que había que hacer, que era poner el hombro y echarle valor, sino que delegando la tarea en unos personajes anodinos, imprevisibles y mal guiados por un comodín estrambótico de un país mísero de un Caribe también cuestionado y cuestionable en su evolución social y democrática.

Es un tema apasionante. Ciertamente.

Ojalá que en este foro puedan surgir ideas con las que los políticos, especialmente los que hoy tengan la oportunidad histórica, nos lideraren hacia un horizonte en el que nos podamos ‘comer’ al Mundo y no a nosotros mismos.

Eso es.

Una última cosa: No he pretendido escribir una ‘nota académica’ puesto que, por razones especialmente de tiempo, no he alcanzado a leer los escritos que del Prof. Pasquali tengo. Solo me inspiro en su artículo publicado en esta Bitácora, esperando que lo antes dicho sea pertinente.

Ah, una salvedad: No me gusta cuando el profesor Pasquali nos coloca en la escala «animal». Creo que, con la debida admiración que le profeso al Reino Animal, me siento parte de otra rama bien distinta de la Creación Universal. Preferiblemente, como algunos autores ya han apuntado, creo que, antes que animales, formamos parte de lo que cabe llamar el Reino Hominal, del que son propias y exclusivas la Fantasía, la Imaginación, la Abstracción, el Arte y la Palabra.

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