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La divulgación, un reto para los científicos que requiere de estrategia

Una investigación en cualquier rama del saber es un proyecto de largo aliento, que puede durar años o incluso toda una carrera profesional.

Por eso, al presentársele al investigador la oportunidad de divulgar la investigación en su totalidad o en partes, la sola idea de hacerle cambios o ajustes para mostrarla en distintos medios puede resultar incómoda, porque tener que hacer esos ajustes es agregarle más trabajo a algo que ya ha llevado una importante cantidad de esfuerzo.

Los grandes divulgadores científicos tienen nombres reconocibles. En los comentarios a una entrada anterior se mencionaron nombres como el de Arístides Bastidas, Marcel Roche, José Agustín Silva Michelena, Carl Sagan, Stephen Jay Gould y Pedro Trebbau.

La idea no es convertirse en el nuevo Bastidas, porque para ello hay que tener bien claro que ese sea el objetivo, sino trabajar para que la investigación que se realiza pueda alcanzar tanto las mayores audiencias posibles como las audiencias específicas más interesadas en el tema de la investigación. Ese trabajo no es simplemente un extra, es otro trabajo que requiere una experticia particular. A veces, los investigadores pueden asumir el esfuerzo de divulgación, a veces no. Pero se haga “en casa” o por encargo, hay que tener una estrategia de divulgación.

A continuación, algunos de los elementos a tomar en cuenta para elaborar esa estrategia.

 

Pensar en la audiencia

Hay investigaciones tan específicas que su audiencia puede ser solo la comunidad académica de la disciplina en cuestión. Pero esa es apenas una de posibilidades tan variadas como las maneras en que se puede clasificar o dividir una población. No es lo mismo acceder a decisores públicos en cargos de elección popular, en cargos de carrera o en cargos de confianza; tampoco es lo mismo acceder a docentes o a estudiantes, de universidad, bachillerato o primaria; o llegar al público en general o a un público con un interés específico relacionado con el tema u objetivo de la investigación. Definir la audiencia para ajustar el mensaje a ella y no esperar que la audiencia, sin importar cual sea, se adapte al mensaje.

Pensar en el medio

Un libro, un artículo de periódico, una entrevista de televisión; así como cada audiencia exige un tratamiento particular, cada medio también. No es fácil que un canal de televisión o un periódico de gran circulación se interesen por una investigación, pero si se les pone en la mira y se les ofrece algo que se parezca a lo que suelen publicar, entonces las posibilidades son mayores. Hoy las opciones son muy amplias; podcasts, redes sociales y blogs están ahí para usarse, pero hay que decidir que se quieren usar y adaptarse a lo que demandan y esperan.

Pensar en el mensaje

Para dar el mensaje hay que saber qué se quiere decir, así de sencillo pero así de complicado. La investigación en sí misma no es noticia, tampoco por sí sola va a llamar a la acción. Hay que construir el mensaje para que sea una noticia o para que sirva para la toma de decisiones. Desde crear la sensación de un problema, hasta divulgar los resultados, son muchas las opciones a la hora de construir el mensaje. Pero si el objetivo del mensaje está definido, mayores probabilidades de que el mensaje sea claro y logre ese objetivo.

Pensar en el calendario

Una pregunta que suele no hacerse explícitamente: ¿Cuándo divulgar? Se puede hacer desde el comienzo de la investigación, solo cuando se tienen resultados o en momentos o hitos específicos. También hay que decidir la frecuencia. Claro que las respuestas a esto dependerán de la audiencia, del medio y del mensaje.

De hecho, no hay respuesta única a ninguna de los elementos anteriores. Lo importante es que se adecuen al objetivo de divulgación y a los recursos. La divulgación no es un rubro que suele estar en los proyectos de investigación, pero con una estrategia, la necesidad de obtener recursos para ejecutarla será más clara y eso necesita al menos un elemento más para que pueda suceder:

Pensar en el encargado de llevarla a cabo

Si no hay un responsable de la divulgación, es poco probable que ésta se realice, independientemente de cuán buena sea la combinación de mensaje, medio y audiencia. Las opciones no se limitan a los propios investigadores, el departamento de prensa de la institución a la que estén afiliados, o estudiantes en pasantía académica. Mientras más clara esté la estrategia de divulgación, mayores las oportunidades de cooperación y de innovación. Por ejemplo, acceder a podcasts no es tan difícil si hay alguien que se dedique a saber qué podcasts podrían estar interesados en el tema de la investigación y a cómo contactarlos.

A veces, el paso más difícil es el primero, pues para tener una estrategia de divulgación hay que tener a alguien que la defina o diseñe y no necesariamente el equipo de investigadores tenga a esa persona a mano. Pero saber que se necesita, facilita la tarea de conseguir entidades y personas que se puedan encargar de esa parte tan sensible de todo conocimiento para que sea útil: su divulgación.

1 Comentario
  • LUIS
    junio 9, 2021

    Me parece muy bien explicado cuál debe ser la forma de comportarse uno y el otro, cientíifico y divulgador, en algunos casos ambos a la vez, me tomo la libertad de poner esta información y comentario en mi lugar de face book para conocimiento más amplio de la audiencia, científica o lectora regular. Gracias y saludos, LMG

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