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De la Crisis a la Conexión: Una Hoja de Ruta para Reconstruir Venezuela

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Luis Ordóñez, Interconectados

Hoy quisiéramos compartir una reflexión sobre los desafíos presentes e históricos de nuestra nación, y sobre la manera en que la ciencia, el saber comunitario y la universidad pueden converger para abrir senderos de esperanza y transformación.

El doble terremoto de junio de 2026 no fue solo un desastre natural; funcionó como el detonante de una policrisis. Este concepto, analizado por autores como Morin (1999), Tooze (2022) y Lawrence et al. (2024), describe una «tormenta perfecta» donde las fallas en salud, transporte y servicios públicos se retroalimentan, creando un desafío que supera cualquier respuesta institucional tradicional. Ante esto, en la Fundación Interconectados nos preguntamos ¿cómo reconstruir no solo la infraestructura, sino el tejido social herido?

Comprender la complejidad de esta policrisis nos exige examinar críticamente las herramientas teóricas y metodológicas con las que abordamos la realidad, lo que nos lleva inexorablemente a replantear el rol del investigador en la sociedad actual.

El fin del experto aislado: Hacia una inteligencia colectiva

La magnitud de los problemas en Venezuela —pobreza, desconfianza y debilidad institucional— exige superar la figura del investigador solitario. Siguiendo la visión de Stephen Downes (2012) sobre el conocimiento conectivo, debemos entender que las soluciones no nacen en individuos aislados, sino en las conexiones de una red.

Proponemos la creación de Equipos de Investigación Colaborativos y Transdisciplinarios (EICT). Como sugieren Gibbons et al. (1994), esto implica una «suma de inteligencias» donde meteorólogos, economistas y sociólogos trabajen junto a los vecinos, logrando una síntesis de saberes que ninguna disciplina alcanzaría por sí sola.

Ahora bien, para que esta suma de inteligencias trascienda la teoría y se convierta en una praxis transformadora en el territorio, es preciso fundamentar la acción colectiva sobre pilares sólidos e indispensables.

Los pilares de la reconstrucción: Información, Comunicación y Confianza

Para que esta colaboración sea efectiva, necesitamos tres insumos fundamentales identificados por académicos como Elinor Ostrom (1990) y Robert Putnam (2000):

  • Información: Un diagnóstico compartido que elimine la ceguera ante la crisis.
  • Comunicación: El canal para la negociación constante y la alineación de objetivos comunes.
  • Confianza: El lubricante social que reduce los costos de control y nos permite aceptar nuestra vulnerabilidad mutua para avanzar.

Sin embargo, aun contando con información, comunicación y confianza, la intervención social corre el riesgo de fracasar si ignoramos la profunda brecha epistemológica que históricamente ha distanciado a las instituciones de la vida cotidiana de nuestras comunidades.

Sanar la «Hendidura»: Escuchar la Trama social

Uno de los mayores obstáculos para desarrollar con éxito políticas públicas es lo que Alejandro Moreno (2007) denomina la hendidura epistemológica. Es el choque entre el «Aro» (la lógica burocrática y rígida del Estado) y la «Trama» (la red afectiva y orgánica de nuestras comunidades). Muchos proyectos fracasan porque intentan imponer moldes externos sobre realidades que ya tienen su propia dinámica.

Para superar esta brecha, planteamos tres estrategias:

  1. Desarrollo Impulsado por la Comunidad (CDD): Basado en los estudios de Mansuri y Rao (2004), proponemos dejar de ver al ciudadano como un receptor pasivo de ayuda y tratarlo como el gestor principal de su recuperación.
  2. La Escuela como Espacio Seguro: Utilizar los centros educativos como núcleos de confianza para organizar la ayuda y la reconstrucción.
  3. El «Hijo-Puente»: Ver al estudiante como el articulador vital que conecta el conocimiento académico (el Aro) con la vivencia diaria del hogar (la Trama).

Este puente entre la Trama comunitaria y la estructura del conocimiento no puede consolidarse sin el compromiso decidido de las instituciones de educación superior como motores de desarrollo local.

La Universidad como motor de cambio local

Finalmente, la universidad debe dejar de ser una «isla» y transformarse en una organización bisagra a través de la Innovación Social Universitaria (ISU), concepto desarrollado por Vallaeys (2014). El objetivo es que la academia movilice el conocimiento global para resolver problemas locales específicos mediante lo que Boaventura de Sousa Santos (2006) llama un «diálogo de saberes».

La reconstrucción es posible si abandonamos el aislamiento y construimos una red de universidades y ciudadanos bajo una premisa clara: con lo que tenemos, lograremos lo que queremos.

 

Referencias bibliográficas mencionadas en el texto:

  • De Sousa Santos, B. (2006). Conocer desde el Sur: Para una cultura política emancipatoria. Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM.
  • Downes, S. (2012). Connective Knowledge: Essays on meaning and learning networks. National Research Council Canada.
  • Gibbons, M., et al. (1994). The new production of knowledge: The dynamics of science and research in contemporary societies. SAGE Publications.
  • Lawrence, M., et al. (2024). Global polycrisis: the causal mechanisms of crisis entanglement. Global Sustainability.
  • Mansuri, G., & Rao, V. (2004). Community-based and-driven development: A critical review. The World Bank Research Observer.
  • Moreno, A. (2007). El aro y la trama: Episteme popular y episteme moderna en la sociedad venezolana. Centro de Investigaciones Populares (CIP).
  • Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
  • Ostrom, E. (1990). Governing the commons: The evolution of institutions for collective action. Cambridge University Press.
  • Putnam, R. D. (2000). Bowling alone: The collapse and revival of American community. Simon & Schuster.
  • Tooze, A. (2022). Welcome to the world of the polycrisis. Financial Times.
  • Vallaeys, F. (2014). La responsabilidad social universitaria: un nuevo modelo universitario contra la mercantilización de la educación superior. Revista Iberoamericana de Educación Superior.

 

 


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Se ha desempeñado como investigador y docente universitario a nivel de pre- y postgrado en diversas áreas académicas. En el pasado tuvo la oportunidad de desempeñarse como Secretario General de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) y Presidente de la Fundación Venezolana para el Avance de la Ciencia (FUNDAVAC), además de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de la entonces Cámara de Diputados del Congreso Nacional. En la actualidad es presidente de la Fundación InterConectados y Profesor Asociado de la Universidad Católica Andres Bello. Sus intereses de investigación giran alrededor del “conocimiento en la sociedad latinoamericana”, su generación y movilización, el papel social de la ciencia y la tecnología, los determinantes culturales de la participación en la sociedad y el impacto que pudiese estar teniendo en la misma la presencia acelerada de las tecnologías digitales.

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