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Boletín InterConectados junio 2026

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Editorial


La Falla Social: el subsuelo invisible de la política

 

Nelson Mendoza Blanco, InterconectadosMétis Strategy Institute

Educación, inteligencia adaptativa y reconstrucción nacional en tiempos de incertidumbre

¿Qué tipo de inteligencia necesita una sociedad fracturada para reconstruir su modelo educativo en tiempos de incertidumbre?

Durante décadas, buena parte del análisis político concentró su atención en las estructuras visibles del poder: gobiernos, partidos, elecciones e instituciones. La estabilidad de una sociedad parecía depender principalmente de la fortaleza de su arquitectura institucional y de la capacidad administrativa de sus élites dirigentes. Sin embargo, numerosas crisis contemporáneas han comenzado a revelar los límites de esa lectura superficial del poder.

Diversos sistemas políticos aparentemente estables terminaron fragmentándose o entrando en procesos prolongados de deterioro sin que las estructuras visibles anticiparan completamente la magnitud de la ruptura. En muchos casos, las instituciones conservaron la apariencia de normalidad mientras se acumulaban tensiones profundas que lentamente erosionaban la legitimidad del sistema. La política observó el edificio, pero ignoró las presiones que se desplazaban debajo de sus cimientos.

La metáfora tectónica resulta útil para comprender este fenómeno. En geología, los terremotos son la manifestación visible de procesos prolongados de acumulación de presión bajo la superficie terrestre. Algo similar ocurre en política. Bajo condiciones de aparente estabilidad institucional pueden coexistir desigualdades persistentes, agotamiento de expectativas, pérdida de representación y profundas sensaciones de exclusión que alteran progresivamente la relación entre la sociedad y el sistema político.

Es precisamente esa dinámica profunda de acumulación de tensión a lo que este trabajo propone denominar Falla Social.

La noción de Falla Social no pretende sustituir completamente categorías previas como “fractura”, “polarización” o “hendidura social”, utilizadas ampliamente por la sociología y la ciencia política desde los trabajos clásicos de Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan. Sin embargo, mientras la hendidura describe divisiones visibles entre grupos sociales, la Falla Social intenta interpretar la presión acumulada que lentamente desestabiliza un sistema.

La falla introduce una lógica distinta. No remite únicamente a desigualdad o conflicto, sino a saturación estructural, pérdida progresiva de elasticidad institucional y debilitamiento de la capacidad de una sociedad para absorber tensiones sin fracturarse políticamente.

No toda pobreza produce una falla social. La falla comienza a configurarse cuando las carencias materiales se combinan con frustración acumulada, agotamiento de expectativas y percepción persistente de abandono institucional.

La estabilidad de un sistema depende no solo de variables económicas o administrativas, sino también de su capacidad para producir reconocimiento, cohesión y sentido de futuro.

El Caracazo de 1989 puede interpretarse como una liberación crítica de tensiones acumuladas dentro de la falla social venezolana. Más que un episodio aislado de violencia urbana, representó una señal de saturación estructural dentro del sistema político venezolano. El detonante visible fue relativamente pequeño frente a la dimensión posterior de la reacción colectiva.

El terremoto ya había ocurrido. Lo que todavía no terminaba de comprenderse era que la falla seguía activa debajo del sistema político venezolano.

El ascenso político de Hugo Chávez puede interpretarse como el momento en que la energía acumulada dentro de la falla comenzó a adquirir organización política y capacidad de reconfiguración estructural del sistema venezolano. Las élites tradicionales observaron el estallido; Chávez interpretó la falla.

La política comenzó a desplazarse desde la administración racional de expectativas hacia la movilización emocional de agravios y fracturas acumuladas. Las emociones colectivas adquirieron un peso creciente dentro de la dinámica del poder y los sistemas tradicionales comenzaron a mostrar dificultades cada vez mayores para adaptarse a entornos complejos e inciertos.

Desde esta perspectiva, la noción de Falla Social mantiene un vínculo importante con lo que aquí podría denominarse Principio del Colapso Estratégico: los sistemas rara vez colapsan exclusivamente por debilidad superficial. El deterioro suele incubarse mucho antes, cuando las tensiones acumuladas comienzan a superar la capacidad institucional de absorción y reorganización.

En ese contexto, la pregunta central deja de ser únicamente cómo administrar crisis visibles. La cuestión decisiva pasa a ser qué capacidades humanas necesita desarrollar una sociedad para sobrevivir, adaptarse y reconstruirse en entornos de alta incertidumbre.

Allí la educación adquiere una importancia estratégica completamente distinta.

Sin embargo, el problema educativo venezolano no puede interpretarse únicamente desde categorías tradicionales como infraestructura, cobertura, currículo o deterioro salarial docente. Aunque todos esos elementos son reales y relevantes, la magnitud de la crisis obliga a formular una pregunta más profunda:

¿Qué tipo de inteligencia necesita desarrollar una sociedad que vive sobre una falla social?

La pregunta cambia completamente el eje del debate educativo.

Durante décadas, buena parte del modelo educativo venezolano fue concebido para contextos relativamente estables y previsibles. La escuela estaba diseñada para formar ciudadanos capaces de integrarse a estructuras burocráticas, sistemas administrativos y trayectorias relativamente lineales de movilidad social. La repetición, la memorización y la adaptación a esquemas relativamente rígidos ocuparon buena parte del centro del modelo.

Era, en esencia, una educación diseñada para un país que ya no existe.

La sociedad venezolana contemporánea se encuentra atravesada por incertidumbre económica, migración masiva, fragmentación institucional, informalidad estructural, erosión de expectativas y transformación acelerada de las formas tradicionales de organización social.

Venezuela ya vive en un entorno mético, pero continúa educando como si habitara un entorno industrial y estable.

Las sociedades sometidas a presión estructural prolongada necesitan desarrollar capacidades distintas a las que tradicionalmente privilegiaron los modelos educativos clásicos. Necesitan ciudadanos capaces de interpretar contextos cambiantes, actuar bajo incertidumbre y sostener cooperación social en medio de entornos ambiguos y fragmentados.

Aquí adquiere relevancia la inteligencia mética.

La métis, desarrollada originalmente en la tradición griega como forma de inteligencia práctica frente a entornos inciertos (Vernant y Detienne, 1988), introduce una lectura distinta del problema educativo contemporáneo. No propone sustituir la lógica, la ciencia o el conocimiento técnico, sino ampliar la capacidad adaptativa de las personas frente a realidades complejas y cambiantes.

La inteligencia mética desarrolla sensibilidad para interpretar señales débiles, actuar bajo ambigüedad y adaptarse a contextos inestables sin perder dirección estratégica.

La reconstrucción educativa venezolana no puede limitarse a reparar escuelas diseñadas para un país que ya no existe.

Necesita reconstruir el tipo de inteligencia colectiva capaz de sostener cohesión social en medio de la incertidumbre.

Desde esta perspectiva, la educación deja de ser únicamente un mecanismo de transmisión de conocimientos y comienza a convertirse en infraestructura de estabilización social.

La escuela no solo transmite contenidos. También organiza emocionalmente a la comunidad, reconstruye vínculos, fortalece cooperación y ayuda a contener parte de la presión acumulada dentro de la falla social.

La crisis educativa venezolana no solo debilitó aprendizajes. También erosionó capacidades colectivas para cooperar, planificar y construir futuro. La falla educativa se ha convertido progresivamente en una de las capas más profundas de la falla social venezolana.

La reconstrucción nacional probablemente exigirá algo más estructural que reformas administrativas o modernización curricular convencional. Exigirá una educación capaz de formar ciudadanos preparados para interpretar contextos cambiantes y sostener cohesión social en medio de la incertidumbre.

Porque las sociedades que viven sobre fallas profundas no solo necesitan reconstruir instituciones. Necesitan formar inteligencias capaces de habitar la incertidumbre sin destruir la cohesión humana.

Bibliografía

Castells, Manuel. Ruptura: la crisis de la democracia liberal. Madrid: Alianza Editorial, 2018.

Lipset, Seymour Martin y Rokkan, Stein. Party Systems and Voter Alignments. Nueva York: Free Press, 1967.

Morin, Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa, 1994.

Taleb, Nassim Nicholas. El cisne negro. Barcelona: Paidós, 2008.

Vernant, Jean-Pierre y Detienne, Marcel. Las artimañas de la inteligencia: la métis en la Grecia antigua. Madrid: Taurus, 1988.

 

Normativa para presentar ponencias en el XIV Foro Invertido

En el marco de la LXXVI Convención Anual de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia –AsoVAC-, del 17 al 20 de noviembre se realizará el XIV Foro Invertido de la Fundación Interconectados. En tal sentido nos dirigimos a usted, investigador o profesional, a que nos contacte para preparar las sesiones y el cronograma de desarrollo del foro.

Es bueno señalar una vez más que hay una fase asincrónica (ver por ejemplo), para que los interesados y el público puedan acceder a las ponencias por youtube y el día de las sesiones del foro se discuta el tema con unos conocimientos previos. También tenemos una normativa, con detalles sobre el número de palabras, forma de presentación y otros, especificados aquí. 

A continuación, el cronograma tentativo del evento:

Actividad Fecha importante
Inicio de inscripciones 25 de julio-31 de agosto
Envío resumen de ponencia 1 al 30 de septiembre
Envío carta de aceptación 7 de octubre
Recepción de presentaciones

en youtube

28 de octubre
Programa definitivo 5 de noviembre
Fase asincrónica 9 al 16 de noviembre
Reunión sincrónica 17 al 20 de noviembre

Noticias de Interconectados 

La Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) desarrolla el programa Beca Excelencia Andrés Bello, que persigue «identificar, premiar y respaldar el talento, la vocación docente y el compromiso de bachilleres con perfil de líderes globales para que transformen a Venezuela a través de la innovación educativa». En tal sentido, hasta el 30 de este mes la universidad abrió una convocatoria para financiar la carrera de pregrado para la carrera en las especialidades de Ciencias Pedagógicas así como Física y Matemáticas. El rango de edad oscila entre 16 y 30 años, para más detalles acerca de la postulación se puede ingresar a este enlace.

Ya está en marcha el convenio entre la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y la Ucab,  con el objetivo de desarrollar actividades académicas de extensión basadas en las tecnologías de información y comunicación (TIC). El convenio estipula ofrecer un diplomado, cuya duración es de 120 horas académicas a distancia para la formación de docentes en el área científica mediante la indagación.

¿Qué pasó entre boletines?

Para superar una de las crisis relacionadas con el emprendimiento en Venezuela, tres autores proponen la importancia de crear soluciones basadas en el conocimiento del entorno, a partir de la tesis de Alejandro Moreno sobre el “Aro” y la “Trama». Luis Ordóñez Vela, Alicia Erdt y Juan Arias juntaron esfuerzos para esta valiosa propuesta.

Edición: Leonardo Picón. Equipo de apoyo: Zuly Del Fiaco,  Luis Ordóñez, Alberto Castellano(✟)

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2 comentarios

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Paul Esqueda

Muchas gracias Nelson Mendoza por este interesante editorial que arroja luz sobre como abordar las situation venezolana. Me parece muy acertado decir «Desde esta perspectiva, la educación deja de ser únicamente un mecanismo de transmisión de conocimientos y comienza a convertirse en infraestructura de
estabilización social.» La «falla social» se corrige con mucha educación de calidad y con liderazgo asertivo

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Yajaira Freites.-

Nelson Mendoza, interesante perspectiva «la falla social» de leer la situación del país; claro el problema es como se reconstruye la vida en una incertidumbre, tal vez como lo hacen las sociedades que habitan en terrenos sísmicos y que se han resistido a irse a otra parte; claro como los japoneses ¿ha donde irían? que han tenido que convivir en tales situaciones; como tu bien dices, ayuda la cooperación, los vínculos y lo que tu denominas una «inteligencia colectiva capaz de sostener cohesión social en medio de la incertidumbre». Y finalmente gracias por declarar que el asunto no se arregla con cambio de pénsum, currículo, arreglando los edificaciones escolares y subiéndole el sueldo a los maestros. El quid del asunto es también preguntarse para qué sociedad venezolana del siglo XXI vamos a educar a nuestros niños y jóvenes

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