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Adaptando el trabajo sobre policrisis de Lawrence et al (autores de Canadá, Alemania y Suecia, 2024) a la situación venezolana actual. Cualquier similitud con la realidad no es simple coincidencia.

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Luis Ordóñez Vela, Fundación InterConectados

La palabra “policrisis” es un neologismo, una expresión nueva que surge para nombrar elementos creados o desarrollados recientemente. En este contexto, “policrisis” se ha creado para designar un nuevo fenómeno que se entrelaza con otras crisis interrelacionadas. Esto es precisamente, lo que está sucediendo en nuestro país, Venezuela, con motivo del reciente “doble” terremoto. Imaginemos que una «policrisis» es como una tormenta perfecta: no es solo que llueva fuerte, sino que al mismo tiempo se corta la luz, se rompe una tubería en la casa y te quedas sin señal de teléfono. Lo complicado no es cada problema por separado, sino que todos ocurren a la vez y se empeoran entre sí. Este es el tipo de fenómeno estudiado por Lawrence y colaboradores, mencionado en el título de esta nota, y que ya ha sido ampliamente citado a pesar de ser una publicación muy reciente (más de 1000 citas con data de apenas dos años).

El fuerte terremoto doble que sufrimos el pasado junio de 2026, es el ejemplo más claro de esto.  No fue solo un desastre natural; fue un sacudón que activó una cadena de problemas que ya venían acumulándose en el país. Para entender cómo se conectan estas crisis con el día a día de Venezuela podemos ver tres formas en las que todo se terminó enredando:

El piso frágil donde cayó la sacudida

Antes de que la tierra se moviera, el país ya vivía con tensiones acumuladas. Los sismos dañaron gravemente servicios públicos como la electricidad y el agua que ya fallaban constantemente, los hospitales trabajaban con lo justo y todas las decisiones primordiales se tomaban con demasiada lentitud desde Caracas.  El terremoto no golpeó un edificio resistente y bien preparado,, sino una estructura que ya tenía grietas profundas.

El efecto dominó

Cuando cayó la primera edificación, las demás vinieron detrás en fila: los sismos dañaron gravemente o destruyeron totalmente infraestructuras clave, como edificios en Caracas y en otras ciudades del interior del país, el aeropuerto, el puerto, y urbanizaciones en el estado la Guaira, la región más afectada por los terremotos con zonas y vías principales totalmente colapsadas; al trancarse las carreteras y dañarse aeropuertos y el puerto, se dificulta la entrada y el traslado de comida y medicinas, pero lo más grave parece haber sido la incapacidad de coordinar el traslado de maquinaria pesada, impidiendo así la ayuda en la remoción de escombros, con la terrible consecuencia de dificultar el rescate de víctimas, aumentando el número de fallecidos.

Adicionalmente, con tuberías principales de agua rotas, existe la posibilidad de introducir posibles enfermedades en los refugios, al intentar buscar agua en cualquier lugar que no sea apta para el consumo. A esto se suma que dichos refugios no eran suficientes para tantos damnificados y tampoco  estaban dotados para una emergencia de tal magnitud,

Un problema físico (geológico) se convirtió en una situación más grave aún, presentándose adicionalmente el problema de transporte, y este, a su vez, en una crisis de salud para miles de familias.

Los círculos viciosos

Aquí es donde la situación se vuelve más compleja porque los problemas se alimentan unos a otros. Frente a la emergencia, el gobierno optó por militarizar las zonas afectadas para mantener el control. Sin embargo, la destrucción resultó tan grande que el Estado no pudo resolverlo solo. Cuando llega la ayuda internacional de organizaciones como las Naciones Unidas, surgen roces políticos por ver quién manda o quién reparte los recursos. Si esos desacuerdos retrasan la entrega de comida o de carpas para albergue, el descontento de la gente crece. Al crecer las protestas o la desesperación, las autoridades aprietan más el control militar, lo que genera más tensión política. Es un círculo donde la política traba la ayuda y la falta de ayuda empeora la política. (ver por ejemplo las noticias de Naciones Unidas).

Lo que viene: el futuro cercano y lejano

A corto plazo, los próximos meses serán de pura supervivencia. La economía en la zona central está semiparalizada y muchas escuelas han tenido que suspender clases para convertirse en refugios temporales. En la Gran Caracas, instituciones como el Liceo Miguel Antonio Caro, la U.E.N. Francisco Pimentel y la U.E.N. Gran Colombia han servido de resguardo seguro y puntos de atención médica primaria. En la costa, escuelas como la «República de Panamá» en La Guaira albergan a cientos de personas, organizando un promedio de tres familias por aula. Adicionalmente, la prioridad inmediata es asegurar agua limpia, comida y evitar que se propaguen enfermedades.

A mediano plazo, la reconstrucción va a ser una tarea titánica y muy costosa. El dinero que se necesita para levantar lo caído es enorme y el país no lo tiene fácil. Esto va a traer más inflación y dificultades económicas. Sin embargo, ante la realidad de un gobierno central que no puede llegar a todos lados al mismo tiempo, el futuro, una vez más, va a depender de la misma gente. Las redes de vecinos, los líderes comunitarios y las escuelas locales deberán profundizar sus esfuerzos y van a tener que dar un paso al frente. Serán las propias comunidades las que terminen organizándose para resolver sus problemas diarios, curar las heridas sociales y reconstruir su entorno desde abajo, demostrando que la verdadera fuerza del país está en su gente.

Por nuestra parte, en la Fundación Interconectados pensamos que sería conveniente, necesario, y de alto impacto, solicitar estudios, reflexiones y análisis desde la visión de policrisis para ser presentados en nuestro XIV Foro Invertido (GIFI2026), a realizarse el próximo mes de noviembre en el marco de la Convención Anual de AsoVAC. El tema del mismo será: “La respuesta educativa a la policrisis venezolana” ¿Cuánto de inteligencia mética, de inteligencia artificial, de educación a distancia basada en las TIC, y cuales nuevos enfoques pedagógicos se requieren, para que pueda Venezuela responder adecuadamente a la policrisis que enfrenta?

Invitamos a todos los que tengan algo que aportar a participar en el GIFI2026.
El cronograma del evento para este año ya fue publicado en nuestro Boletín de junio próximo pasado https://bitacora.interconectados.org/boletin-interconectados-junio-2026/, participa tú, e invita a tus colegas y relacionados a participar en el Foro Invertido sobre “La respuesta educativa a la policrisis venezolana”

Referencia mencionada:

Lawrence, M., Homer-Dixon, T., Janzwood, S., Rockström, J., Renn, O., & Donges, J. F. (2024). Global polycrisis: the causal mechanisms of crisis entanglement. Global Sustainability7, e6.doi:10.1017/sus.2024.1


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Se ha desempeñado como investigador y docente universitario a nivel de pre- y postgrado en diversas áreas académicas. En el pasado tuvo la oportunidad de desempeñarse como Secretario General de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) y Presidente de la Fundación Venezolana para el Avance de la Ciencia (FUNDAVAC), además de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de la entonces Cámara de Diputados del Congreso Nacional. En la actualidad es presidente de la Fundación InterConectados y Profesor Asociado de la Universidad Católica Andres Bello. Sus intereses de investigación giran alrededor del “conocimiento en la sociedad latinoamericana”, su generación y movilización, el papel social de la ciencia y la tecnología, los determinantes culturales de la participación en la sociedad y el impacto que pudiese estar teniendo en la misma la presencia acelerada de las tecnologías digitales.

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