Ciudadanía, educación e investigación: una correlación viva que se construye desde el aula
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Luis Ordoñez
La ciudadanía es el vínculo jurídico, político y social que une a una persona con un Estado. Representa, en esencia, el «derecho a tener derechos» y la responsabilidad de participar activamente en la vida pública. La relación entre axiología (el estudio de los valores) y ciudadanía es profunda, ya que la ciudadanía no es solo un estatus legal, sino una práctica ética. Para que una sociedad funcione, no basta con tener leyes; se requiere que los ciudadanos compartan y vivan ciertos valores. Pero, ¿qué ocurre cuando la ciudadanía deja de enseñarse como un concepto abstracto y comienza a practicarse cotidianamente en el aula?
El concepto de ciudadanía no surgió de forma aislada, sino de la necesidad de organizar la convivencia en las ciudades-estado. En la Grecia Antigua (siglo V a.C.) nació la idea del polites. Sin embargo, era un círculo exclusivo: solo los varones libres, nacidos en la ciudad y propietarios de tierras, eran ciudadanos. Las mujeres, personas esclavizadas y extranjeros (metecos) estaban excluidos. La clave de este modelo radicaba en la participación directa en la toma de decisiones. Por el contrario, en Roma, la ciudadanía (civitas) otorgaba privilegios jurídicos específicos, como el derecho a un juicio justo. A diferencia de los griegos, Roma utilizó la ciudadanía como una herramienta de integración política, otorgándola a los pueblos conquistados para asegurar su lealtad.
Durante la Edad Media, el concepto prácticamente desapareció bajo el sistema feudal, donde los individuos no eran ciudadanos, sino súbditos de un señor o un monarca. El cambio paradigmático llegó con la Modernidad; la Revolución Americana (1776) y la Francesa (1789) transformaron radicalmente la relación entre el individuo y el Estado: se transitó de la obediencia por «derecho divino» al reconocimiento de que el poder reside en el pueblo. Según Marshall (1963), la ciudadanía moderna se consolidó en tres etapas: los derechos civiles (siglo XVIII), centrados en la libertad individual y de expresión; los derechos políticos (siglo XIX), con el sufragio universal; y los derechos sociales (siglo XX), enfocados en el acceso a salud, educación y bienestar.
Hoy, la ciudadanía es un concepto dinámico que se manifiesta en tres vertientes principales:
- Ciudadanía Global y Transnacional: En un mundo interconectado, las responsabilidades trascienden fronteras. Temas como el cambio climático o los derechos humanos nos convierten en ciudadanos del mundo.
- Ciudadanía Digital: Gran parte de la vida social ocurre en internet, lo que exige nuevos derechos (privacidad, acceso a la información) y deberes (ética digital y combate a la desinformación).
- Ciudadanía Activa: Es la expresión más pura del concepto, manifestada en la participación en movimientos sociales y organizaciones. La democracia se ejerce diariamente, no solo en las urnas.
En el siglo XXI, el desarrollo ciudadano es inseparable de la competencia digital. La Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) y la Alfabetización Informacional (Alfin) son esenciales para resistir la manipulación y participar éticamente en el debate público (UNESCO, 2021). Investigaciones en Iberoamérica muestran una correlación positiva (rho = 0.59) entre la literacidad informacional y la formación ciudadana (Turpo-Gebera et al., 2025).
La Educación en el Desarrollo de la Ciudadanía
La construcción de la ciudadanía contemporánea es un proceso que trasciende la mera adscripción jurídica. En un entorno globalizado y saturado de información, la educación emerge como el pilar fundamental para formar sujetos autónomos, responsables y éticos. No obstante, este desarrollo no depende solo de la transmisión de valores, sino de una estructura basada en la indagación crítica y la democratización del conocimiento. Aquí, la investigación —educativa, social y científica— actúa como catalizador para fortalecer la democracia.
La educación fomenta competencias transversales que permiten navegar las tensiones entre lo local y lo mundial. La trayectoria de la UNESCO refleja una evolución desde la «comprensión internacional» hacia la Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM, 2015). Desde la década de 1970, con la Recomendación de 1974, se integraron la paz y los derechos humanos como ejes centrales. Autores como Albala-Bertrand (1996) y Augier (1994) profundizaron en la necesidad de una didáctica sociogenética de la democracia en las escuelas.
Con la Agenda 2030 (ODS 4.7), el enfoque se centra en asegurar que los alumnos adquieran habilidades para promover el desarrollo sostenible. La educación ya no solo busca formar trabajadores eficientes, sino ciudadanos conscientes de problemas globales como la pobreza y la desigualdad. Para ello, la UNESCO propone un enfoque holístico:
- Dimensión cognitiva: Desarrollo del pensamiento crítico para comprender la interconexión global.
- Dimensión socioemocional: Fomento de la identidad común, empatía y respeto por la diversidad.
- Dimensión conductual: Impulso a actuar con responsabilidad frente a problemas colectivos.
Este modelo requiere una «pedagogía transformadora» que convierta el aula en un laboratorio de deliberación pública. Enrique Chaux, Juanita Lleras y Ana María Velásquez (2004) proponen elementos clave como la toma de perspectiva (alteridad), la interpretación de intenciones y la generación de opciones pacíficas. Según Chaux y Ruiz-Silva y (2005), las competencias emocionales y comunicativas (escucha activa y argumentación) son el soporte del diálogo democrático.
La investigación en la educación para el desarrollo de la ciudadanía
Han surgido modelos que sitúan al ciudadano en el centro de la producción de saber. Es vital distinguir entre la Investigación-Acción Participativa (IAP) y la Ciencia Ciudadana (CC).
La IAP, consolidada por Fals Borda (1985), busca la transformación social y la emancipación de grupos vulnerables. Los participantes son coinvestigadores, y la ciencia se utiliza como herramienta política. Por su parte, la Ciencia Ciudadana se define como el trabajo científico realizado por el público en colaboración con profesionales. Su objetivo es generar nuevo conocimiento mediante la recolección masiva de datos (como el monitoreo de biodiversidad).
De estos modelos derivan subcategorías especializadas:
- Ciencia Ciudadana Social: Propuesta por Josep Perelló (2021), busca involucrar a la sociedad en la resolución de controversias tecnocientíficas y el diseño de políticas públicas.
- Ciencia Ciudadana Escolar: Modalidad de aprendizaje-servicio donde los estudiantes abordan retos reales de su entorno, fomentando el compromiso cívico y vocaciones científicas.
Por ejemplo, un grupo de estudiantes que monitorea la calidad del aire de su barrio, registra datos mediante herramientas digitales abiertas y comparte sus hallazgos con la comunidad local, no solo aprende contenidos científicos: ejerce ciudadanía, dialoga con actores reales y comprende el valor público del conocimiento.
La integración de ambos enfoques crea un «híbrido ganador»: un proceso que detecta una problemática local (IAP), utiliza métodos científicos de recolección de datos (CC) y culmina en una acción política informada.
Conclusiones
Educar a un ciudadano no es solo enseñar la Constitución; es un proceso de formación en valores. La educación ciudadana se asienta en el capital ético. Adela Cortina (2010) destaca que el progreso social depende de una deliberación moral basada en la justicia. Bernardo Toro (2010) y Mariano Martín Gordillo (2010) coinciden en que la participación en objetivos científicos es una forma de educación en valores. Al comprender cómo la tecnología afecta su cotidianidad, el ciudadano puede intervenir en controversias sociotécnicas, orientando la ciencia hacia el bien común.
En este marco, la ciencia ciudadana escolar representa para los educadores una oportunidad concreta de innovar sin abandonar el currículo, investigar sin salir del aula y formar ciudadanía a partir de problemas reales. Cada proyecto, por pequeño que sea, puede convertirse en una experiencia fundacional para estudiantes y docentes, reforzando la idea de que educar también es habilitar la participación, la comprensión crítica del entorno y la acción responsable.
Educación e investigación son pilares interdependientes: la primera otorga las competencias necesarias y la segunda provee las herramientas para que la participación sea informada, transformadora y justa.
El autor desea expresar su agradecimiento a los profesores Paul Esqueda, Pablo Matute, Nelson Mendoza, Pablo Vicente Ojeda y Alfredo Romero por sus valiosos comentarios y sugerencias
Referencias
(Hemos tratado en lo posible de hacer referencia a los documentos originales. Para generar las referencias más recientes que los mencionan, recomendamos utilizar la herramienta “citado por” de Google Académico.)
Albala-Bertrand, L. (1996). Ciudadanía y educación: hacia una práctica significativa. Unesco.
Augier, P. (1994). The Sovereign Citizen. Paris: UNESCO.
Chaux, E., Lleras, J., & Velásquez, A. M. (Eds.). (2004). Competencias ciudadanas: de los estándares al aula. Universidad de los Andes, Colombia.
Chaux Torres, E., & Ruiz Silva, A. (2005). La formación de competencias ciudadanas. Editado por la Asociación Colombiana de Facultades de Educación ASCOFADE, 143.
Cortina, A. (2010). Por una ética del consumo. Taurus.
Fals Borda, O. (1985). Conocimiento y poder popular. Siglo XXI.
Marshall, T. H. (1963). Sociology at the crossroads: and other essays.
Martín Gordillo, M. (2010). Ciencia, tecnología y participación ciudadana. 2010): Educación, Valores y Ciudadanía, Madrid: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), 41-57.
Perelló, J. (2021). Evolución del paradigma participativo. Open Systems Research.
Toro, B., & Tallone, A. (Comps.). (2010). Educación, valores y ciudadanía. OEI.
Turpo-Gebera, O., Rosales-Márquez, C., Gutiérrez-Aguilar, O., & Rivera-Mansilla, E. (2025). Alfabetización mediática e informacional y formación ciudadana en estudiantes universitarios. Revista Latina de Comunicación Social, (83), 1-23.
UNESCO. (2015). Educación para la ciudadanía mundial: temas y objetivos de aprendizaje. UNESCO Publishing.
UNESCO. (2021). MIL: Alfabetización mediática e informacional en la era digital. UNESCO.
El autor desea expresar su agradecimiento a los profesores Paul Esqueda, Pablo Matute, Nelson Mendoza, Pablo Vicente Ojeda y Alfredo Romero por sus valiosos comentarios y sugerencias.
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