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La Venezolanidad: Crítica Sociopolítica y la Reivindicación de lo Afirmativo desde la «Hendidura» de Alejandro Moreno Olmedo

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Luis Ordóñez, Interconectados

La comprensión de la identidad venezolana no es solo un ejercicio de historia o literatura, sino una profunda indagación ontológica sobre la esencia del país y su relación con el mundo. Durante más de un siglo, el pensamiento intelectual en Venezuela ha oscilado entre dos polos: una crítica que ve lo venezolano como algo patológico y una corriente que busca reivindicar sus virtudes éticas y civiles.

Esta aproximación explora las diversas capas de esta «conciencia nacional», desde el pesimismo sociológico hasta la esperanza ciudadana, analizando cómo el país ha intentado entenderse a sí mismo a través de sus pensadores más influyentes.

1. El Pesimismo Sociológico: El «Gendarme Necesario»

La raíz de la crítica moderna a la identidad venezolana se encuentra en el positivismo de principios del siglo XX. El exponente máximo de esta corriente fue Laureano Vallenilla Lanz, quien en su obra Cesarismo Democrático (1919) planteó que la sociedad venezolana sufría de un «individualismo anárquico» derivado de su mezcla étnica.

Para Vallenilla Lanz, la nación no podía regirse por leyes ideales o «constituciones de papel», sino por una «constitución efectiva» que emanara de su realidad orgánica.

  • El Gendarme Necesario: Se propuso que el pueblo venezolano era incapaz de la autogestión democrática.
  • La Fuerza como Orden: La figura de un líder autocrático (un César) se consideraba indispensable para contener las fuerzas caóticas de la población.
  • Desmitificación Histórica: Vallenilla interpretó la Guerra de Independencia no como una gesta puramente heroica, sino como una cruenta guerra civil de castas contra las élites.

Este enfoque legitimó dictaduras como la de Juan Vicente Gómez, sugiriendo que el venezolano es un sujeto pasivo cuya única salvación es la sumisión a un poder unificador.

2. La Identidad como Patología: Francisco Herrera Luque

Si la sociología de principios de siglo hablaba de desorden, la psiquiatría de mediados de siglo habló de enfermedad. Francisco Herrera Luque introdujo en 1961 la tesis de la «sobrecarga psicopática» en la población venezolana.

Herrera Luque argumentaba que los conquistadores españoles no eran una muestra sana de su sociedad, sino individuos con rasgos desviados o antecedentes criminales. Según su teoría:

  • Herencia de Violencia: Estos rasgos se transmitieron biológica y culturalmente, creando una idiosincrasia marcada por la inestabilidad emocional y la falta de empatía institucional.
  • La Metáfora de la Hallaca: El mestizaje venezolano es visto como un «choque brutal» de historias inconexas (el guiso español, la masa indígena y la mano esclava).
  • Decadencia de las Élites: En sus novelas, exploró cómo la mentalidad de los «Amos del Valle» moldeó un país propenso a la traición y al caudillismo.

Para Herrera Luque, la distorsión de los orígenes impide que el país comprenda su presente conflictivo.

3. El Estado Mágico y la Ficción del Petróleo

El descubrimiento del petróleo cambió la naturaleza de la crítica nacional. Arturo Uslar Pietri y, más tarde, Fernando Coronil, analizaron cómo la riqueza mineral transformó la psique del ciudadano.

La Mentalidad Rentista (Uslar Pietri)

Uslar Pietri advirtió que la dependencia del crudo estaba creando una «nación fingida».

  • El Pueblo Parásito: El ciudadano sustituyó el esfuerzo productivo por la expectativa del reparto estatal.
  • Sembrar el Petróleo: Su famosa consigna de 1936 instaba a invertir la renta en agricultura e industria para evitar convertirse en un país inútil.
  • El Estado Mago: Se empezó a percibir al Estado como un ente providencial que crea riqueza de la nada.

El Ilusionismo Político (Fernando Coronil)

Coronil profundizó en esta idea definiendo al «Estado Mágico». Según él, el Estado utiliza la renta para realizar actos de «ilusionismo» a través de obras monumentales y discursos grandilocuentes que seducen a la población, mientras impone límites estructurales a la verdadera democracia.

4. El Colapso Institucional y el Culto al Héroe

Hacia finales del siglo XX, la crítica se centró en la degradación de la democracia nacida en 1958.

El Reparto de Cuotas (Manuel Caballero)

El historiador Manuel Caballero señaló que el sistema se degeneró en un «reparto de cuotas» de poder.

  • Las instituciones fueron secuestradas por maquinarias partidistas que abandonaron la ideología por la preservación del poder.
  • Esto generó una «erosión paulatina de la legitimidad» y alimentó el auge de la antipolítica.

La Historiografía de Bronce (Carrera Damas)

Germán Carrera Damas criticó duramente el «Culto a Bolívar». Sostiene que el Estado ha fomentado una veneración religiosa al Libertador para legitimar proyectos autoritarios. Esta visión silencia las fallas del héroe y evita que los venezolanos desarrollen una conciencia ciudadana moderna y crítica.

5. La Reivindicación de lo Afirmativo

Frente a este panorama de «patologías» y «facciones», surge una corriente que busca rescatar la dignidad del venezolano.

Lo Afirmativo Venezolano (Augusto Mijares)

Augusto Mijares combatió el «pesimismo sistemático» y el «complejo de autoacusación». Propuso buscar las raíces del civilismo en la historia nacional.

  • Honradez Cívica: Identificó el periodo 1830-1846 como una época de oro de la honestidad administrativa.
  • El Héroe Ético: Para Mijares, el verdadero héroe no es el guerrero, sino el trabajador del espíritu que resiste la corrupción y mantiene su pureza.

El Mestizaje Creador (Mariano Picón Salas)

Picón Salas vio en el mestizaje no una fuente de anarquía, sino una aptitud creadora. Abogaba por un «humanismo crítico» que integrara las esencias indígenas, africanas e hispánicas en una síntesis cultural vigorosa.

6. Un Nuevo Paradigma: La «Hendidura» de Alejandro Moreno

La obra de Alejandro Moreno Olmedo ofrece una clave para reinterpretar todas las visiones anteriores. Moreno postula que en Venezuela coexisten dos mundos radicalmente distintos: el Aro y la Trama.

El Contraste de Mundos-de-Vida

Para comprender la tesis de Alejandro Moreno Olmedo, es necesario desglosar la coexistencia de dos mundos-de-vida que operan bajo lógicas distintas en Venezuela, un fenómeno que él denomina la «Hendidura». Esta tensión se manifiesta en cuatro dimensiones fundamentales que contraponen la formalidad institucional de la modernidad con la vivencia comunitaria del sector popular.

El Sujeto y su Identidad

En la Visión Moderna (El Aro), el sujeto es concebido esencialmente como un individuo autónomo. Se trata de un ente independiente que se relaciona con el sistema desde su propia voluntad y derechos personales. Por el contrario, en la Visión Popular (La Trama), prevalece la noción de la persona-en-relación. Bajo esta lógica, la existencia del sujeto no puede explicarse ni entenderse sin su vínculo con los demás; el «yo» está siempre supeditado al «nosotros» relacional.

Esta diferencia de base redefine la identidad del individuo:

  • Para el «Aro», la identidad se define principalmente por la figura del ciudadano del Estado, alguien sujeto a derechos y deberes legales ante una institucionalidad abstracta.
  • En la «Trama», la identidad es mucho más íntima, concreta y local. Allí, el sujeto se define por ser el hijo de una madre específica o el vecino de una comunidad determinada, basando su sentido de pertenencia en el afecto y la cercanía, no en un estatus jurídico.

La Estructura Familiar

El contraste se vuelve más evidente al analizar el núcleo de la sociedad. El modelo moderno del «Aro» apuesta por una estructura neolocal y biparental, es decir, el hogar conformado por padre y madre que se establecen de forma independiente.

En contraposición, la realidad de la «Trama» se articula frecuentemente en torno a la familia matricentrada. En este sistema, la figura materna no es solo un integrante más, sino el eje absoluto de estabilidad, autoridad y cohesión del grupo familiar.

Organización y Convivencia

Finalmente, la forma en que estos mundos gestionan su vida común responde a principios opuestos:

  1. La formalidad del «Aro»: La organización se rige por la ley y el contrato. Se busca la seguridad jurídica y el orden a través de reglamentos escritos y acuerdos formales que median entre los individuos.
  2. La cercanía de la «Trama»: La vida popular se fundamenta en la convivialidad y la trama relacional. En este espacio, los acuerdos y la armonía social no dependen de reglamentos formales, sino del trato cotidiano, la palabra empeñada y la red de apoyo mutuo que surge de la convivencia.

Esta distinción sugiere que el colapso de las instituciones o el fenómeno del rentismo en Venezuela no deben verse necesariamente como fallas morales, sino como el choque histórico entre un Estado que funciona bajo la lógica del «Aro» y un pueblo que respira y se organiza a través de la «Trama» relacional.

Moreno sugiere que lo que autores como Vallenilla Lanz o Herrera Luque llamaron «anarquía» o «psicopatía» es, en realidad, una estructura social distinta que la modernidad no entiende. La crisis venezolana sería, entonces, el choque entre un Estado que funciona bajo la lógica del «Aro» y un pueblo que vive bajo la lógica de la «Trama».

Conclusión: Hacia una República Real

La literatura y el pensamiento venezolanos revelan una nación en constante tensión entre sus vicios diagnosticados y sus virtudes latentes. Superar la «nación fingida» de la renta petrolera requiere una conciencia nacional que acepte esta dualidad.

El desafío del siglo XXI es construir un lenguaje común que reconozca la riqueza de la «Trama» popular (la familia, la relación, la solidaridad) sin renunciar a la civilidad y al respeto a la ley. Como concluyó Mijares, defender la dimensión espiritual y ética de Venezuela es tan crucial como cuidar su integridad material. Solo integrando la autocrítica rigurosa con el optimismo ético podrá el país madurar hacia una República basada en el trabajo y la responsabilidad ciudadana.


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Se ha desempeñado como investigador y docente universitario a nivel de pre- y postgrado en diversas áreas académicas. En el pasado tuvo la oportunidad de desempeñarse como Secretario General de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) y Presidente de la Fundación Venezolana para el Avance de la Ciencia (FUNDAVAC), además de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Permanente de Ciencia y Tecnología de la entonces Cámara de Diputados del Congreso Nacional. En la actualidad es presidente de la Fundación InterConectados y Profesor Asociado de la Universidad Católica Andres Bello. Sus intereses de investigación giran alrededor del “conocimiento en la sociedad latinoamericana”, su generación y movilización, el papel social de la ciencia y la tecnología, los determinantes culturales de la participación en la sociedad y el impacto que pudiese estar teniendo en la misma la presencia acelerada de las tecnologías digitales.

3 comentarios

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Paul Esqueda

Manuel Caballero tiene toda la razón cuando dice que, «las instituciones fueron secuestradas por maquinarias partidistas que abandonaron la ideología por la preservación del poder,» tal como el pulpo en mi presentación en Reading, PA https://youtu.be/8Tw_ertQ9Uw

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Jose Alvarez-Cornett

Es un buen resumen de cómo se ha tratado de entender el país. Me parece que faltó incluir las visiones de Manuel Barroso sobre la autoestima del venezolano y el subdesarrollo en Venezuela y la visión de José Manuel Briceño Guerrero expuesta en «¿Qué es la filosofía?» (una obra sobre el significado de reflexionar filosóficamente desde Venezuela; está en línea) y obra mayor «El laberinto de los tres minotauros» (que también está en línea). Adicional a Germán Carrera Damas y su crítica al «Culto a Bolívar», se debería sumar «La herencia de la tribu» de Ana Teresa Torres.

Efectivamente, el desafío del siglo XXI es primero reconocer la existencia de la hendidura y luego rellenarla haciendo que el «Aro» y la «Trama» dialogen y se construya un lenguaje común.

Ahora bien, no estoy convencido de que las ideas de Alejandro Moreno apliquen igualmente a todo el país. Se necesitan estudios que midan los diferentes grados de hendidura (en otras palabra no hay una hendiura sino que deben existir muchas hendiduras; por ejemplo, los Andes venezolanos son muy diferentes a un barrio petareño).

Se ha dicho que el venezolano no es moderno (que en realidad quiere decir que el venezolano popular no es moderno). Los intentos desde el «Aro» (en el lenguaje de Moreno) para modernizar la «Trama» no han tenido mayor éxito. Esto se debe (1) a que desde el «Aro» no ha habido consciencia de la existiencia de la hendidura porque la «Trama» ha sido considerada como un «Aro» económicamente pobre y pobremente educado y no como lo que es (o lo que son): sujetos relacionales u homo convivalis con una visión de mundo propia diferente a la de la gennte del «Aro»; y (2) porque desde el «Aro» se piensa que la Modernidad es una sola: la Occidental.

El fracaso en el empeño de modernizar al venezolano popular lo refiere Briceño Guerrero con las siguiente palabras:

«Esa nuestra idiosincrasia mestiza, que no ha podido manifestarse positivamente en la creación de formas
culturales propias, se manifiesta, sin embargo, negativamente de múltiples maneras como oposición, obstáculo
y entorpecimiento de las instituciones que nos rigen. Así tenemos: en el trabajo, el “manguareo”; en la
educación sistemática, la “paja” o el “caletrazo” mal digerido de manuales por parte de los profesores, el
“apuntismo’’ y el “vivalapepismo’’ por parte de los estudiantes; en la vida social, la “mamadera de gallo”; en la
producción literaria y artística, el “facilismo” (los signos de un estilo literario y un lenguaje plástico propios se
encuentran, pero hay que buscarlos mucho); en la política, el “bochinche”, el “caudillismo”, el “golpismo”; en
las posiciones de responsabilidad el “paterrolismo” y el “guabineo”; en la lucha por el mejoramiento personal,
el “pájaro-bravismo”, el “compadrazgo” y la “rebatiña”; en la religión, el “ensalme”, la “pava”, la “mavita”, el
“cierre”, los “muñecos” y las “lamparitas”; etc., etc. Es evidente, por otra parte, que en los proyectos,
quehaceres y opiniones predominan la emoción sobre el pensamiento, la magia sobre la razón, el mito sobre la
historia, la corazonada sobre el cálculo frío».

Pero es un error considerar que solo hay una sola modernidad. Los japoneses son modernos, a su manera y los chinos también; ellos son modernos a la china. La India y Singapur son igualmente modernos a su manera, al igual que los países escandinavos. En este sentido, valdría la pena tener presente la teoría de la modernidades múltiples (Multiple Modernities) del sociólogo judío Shmuel Noah Eisenstadt (‎1923–2010). Y la tarea para los venezolanos del siglo XXI, creo, sería forjar una «modernidad múltiple a la venezolana» (en donde en un principio, por muchas décadas, coexistirán dos modernidades con dos formas diferentes de ver el mundo (no sería muy diferente de un Singapur donde chinos, malayos e indios con culturas diferentes coexisten y están todas integradas en una sola visión de país). ¿Hacia dónde queremos ir?

En otras palabras, la tarea es dar repuesta a aquella pregunta formulada por Briceño Guerrero: «Ahora preguntamos: si esas oscuras fuerzas creadoras, que constituyen lo más auténtico de nuestro ser y que no han podido manifestarse sino negativamente, tuvieran libre campo de acción, fueran liberadas de la red de estructuras formales que las ocultan y oprimen ¿a dónde conducirían? ¿qué nuevas formas generarían? ¿a qué cultura insospechada darían nacimiento? Es de imaginar que entonces pelearíamos combates íntima y auténticamente nuestros, con total compromiso, en ejercicio de nuestra originaria libertad, con la más genuina autonomía existencial».

¡Esa es la vaina!

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    Jose Alvarez-Cornett

    Olvidé comentar otro aspecto; lo incluiré en un nuevo comentario.

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